Los niños que no saben contar cuentos

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Por Lic. Nellie Torres de Carella, patóloga del habla y lenguaje

Directora, Instituto Fonemi de Puerto Rico y la Academia Fonemi

 

Los problemas de redacción proliferan entre los jóvenes puertorriqueños, aún a nivel universitario. Sin embargo, los mismos están asociadas a un problema de lenguaje expresivo que puede ser evidente desde temprana edad: la narrativa. La narrativa no solo es el arte de contar cuentos, sino que nos ayuda a relatar nuestras experiencias, a conversar, describir, persuadir, reportar, compartir información y argumentar. Nos permite usar el lenguaje para narrar sucesos y vivencias, además de a entender emociones y motivaciones de las otras personas.

En el 1993 el Departamento de Educación de Estados Unidos presentó los resultados de un estudio que reflejó que dos terceras partes de los estudiantes no podían leer de acuerdo a los estándares del grado. Los investigadores del estudio reportaron una conexión entre el dominio de la destreza de narrar historias y el éxito escolar. Imaginamos que esa métrica no ha mejorado y seguramente no fallamos.

Un hallazgo muy importante fue que aquellos estudiantes que ejecutaban sobre el promedio en los exámenes de comprensión de lectura, sus maestros le daban más énfasis a la literatura que a los cuadernos de ejercicios. También indicaron que esos niños se envolvían en conversaciones con la familia frecuentemente.

Del estudio se desprende la conexión entre el lenguaje hablado, narrativa o discurso, y el escrito, además del enlace entre cómo los padres fomentan el lenguaje en el hogar a través de conversaciones, discusiones, narración de experiencias, lectura de historias en voz alta, y la ejecución en la escuela.

Actualmente, el problema debe ser mayor debido al factor de la sobre exposición de los niños a la tecnología. Las conversaciones en el hogar son mínimas por el mismo factor, en las escuelas proliferan los cuadernos de ejercicios y muy pocos maestros les leen cuentos a los niños en edades elementales. El televisor y los vídeos han entrado en los preescolares y en los centros de cuido desde muy temprana edad.

 

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