Trastorno sensorial: niños con problemas de conducta

Comparte!

 

Por Lic. Nellie Torres de Carella, patóloga del habla y lenguaje

Directora, Instituto Fonemi de Puerto Rico y la Academia Fonemi

 

Se cubren los oídos y gritan ante ciertos ruidos, muerden todo, se mantienen en constante movimiento, le dan rabietas frecuentementes, sin razón aparente; no toleran que le laven la cara y se molestan con los cambios.

En el salón de clases este menor será un reto constante para los maestros que citarán a los padres para alertarles de que si no mejora la conducta, tendrán que cambiarlo a otra escuela. Así que lo refieren a un psicólogo para que desarrolle un programa de modificación de conducta.

Muchos considerarán estas conductas como producto de falta de disciplina en el hogar. Sin embargo, las conductas que presentan estos niños no necesariamente son secundarias a un mal manejo, sino que podrían ser secundarias a un trastorno de procesamiento sensorial (TPS).

¿Qué es un trastorno de procesamiento sensorial?

Es una dificultad del cerebro para procesar la información sensorial que se recibe a través de los sentidos, como olores, sonidos, colores o luces, sabores o texturas. Además de los 5 sentidos conocidos, también hay unos poco conocidos, como el vestibular y el propioceptivo, que nos ayudan a procesar todos los movimientos de nuestro cuerpo, a tener conciencia del mismo, además de a un buen balance y equilibrio.

Recientemente, se está comenzando a considerar este trastorno como uno separado de los diagnósticos de trastorno de atención y de autismo, porque aunque es común que esté presente en ambos, algunos niños tienen el mismo como diagnóstico principal, no como parte de otro.

Los niños con TPS pueden sentir sobre o bajo lo esperado. En el primer caso, en términos auditivos, se cubren los oídos en ambientes ruidosos y pueden reaccionar con una pataleta porque se abruman con la información auditiva.

En el segundo caso, uno con baja sensación, hacen ruidos constantes con la boca y con todo objeto, y suelen gritar frecuentemente.

Los mismos extremos pueden observarse con el resto de los sentidos: muy pasivo o muy activo (vestibular), come de todo o tiene dieta limitada (gusto, táctil), no le gusta que lo toquen o siempre está tocando a los demás o dando abrazos, frecuentemente muy fuertes (propioceptivo), todo lo huele o cae en una crisis con ciertos olores.

Los problemas de integración sensorial son evidentes desde la infancia y, de no tratarse, se agudizarán en el salón de clases y se interpretarán como problemas de conducta.

Un salón de clases típico contiene múltiples estímulos sensoriales que pueden abrumar a un niño con TPS, ocasionando una reacción que afecte su aprendizaje y el de los demás estudiantes. La dificultad para autorregular o manejar la información que recibe de uno o varios sentidos puede ocasionar impulsividad, movimiento excesivo, necesidad de tocar todo o manipular objetos con las manos, hablar constantemente y hacer ruidos. Además, presenta rabietas “inexplicables”, como cuando el grupo canta, suena el timbre o se cambia la rutina. En espacios abiertos, como el gimnasio o clase de educación física, se desorganiza y puede comenzar a correr, sin seguir las reglas del maestro, o aislarse en una esquina.

¿Qué causa este diagnóstico?

Hay algunos factores de riesgo, como nacimiento prematuro, pero como con todo desorden de desarrollo, se consideran aspectos biológicos y ambientales como causales del mismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *